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Las Evidencias Del Amor

¿Cómo saber si quien tú amas, también te ama…?


Todos los derechos reservados a favor del autor


Published by Valentín Romeo Vale

Copyright © 2018, Valentín Romeo Vale

Primera edición electrónica, junio 2018



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Tabla de contenidos


Prólogo

Capítulo 1. El inicio

Capítulo 2. El tiempo juntos

Capítulo 3. Las palabras de amor

Capítulo 4. Los cambios en tu pareja

Capítulo 5. El lugar donde han de vivir

Capítulo 6. El aspecto financiero

Capítulo 7. La familia de ambos

Capítulo 8. El adiós

Capítulo 9. El vasto desierto del solitario

Capítulo 10. Los intentos de regresar

Capítulo 11. La eterna lucha: mente versus corazón

Acerca del autor



Prólogo

Amor bilateral es amor funcional;

es cuando tú recibes lo que tú das igual.

Das y también recibes; si das sin recibir,

es unilateral, y poco ha de vivir..


El amar y vivir en pareja, hombre y mujer, es lo más natural; es la ley de la vida que asegura la compañía y ayuda mutua, y la conservación de la especie; todo lo contrario a esta ley natural es perversión y trastorno mental…

Para los que se toman la vida como oportunidad de sexo y placer no hay tanto conflicto en lo que amor se trata, pues no se enamoran ni andan buscando una relación seria y estable; solo placer…

Pero para las personas serias, de compromiso y de hogar, tener una vida de pareja feliz, como debe ser, no es nada fácil. La vida en pareja se torna compleja porque nosotros, los humanos, somos seres complejos. De ahí que esa búsqueda, de la pareja ideal, está plagada de tantos dolores y sinsabores…

En algo ayudaría el tener un instrumento —el amormetro— para medir qué tanto nos ama quien roba nuestras miradas, nuestros suspiros, nuestro sueño…

¿Cómo saber que una persona te ama y que vale la pena entregarse y luchar, con garras y dientes, por conservarla en tu vida?

Si lees este libro, sin estar aún enamorado, le sacarás el máximo provecho; si lo lees, estando enamorado, quizá no lo entenderás del todo; si lo lees, estando decepcionado, te lamentarás no haberlo leído antes…



Capítulo 1. El inicio

Ella y yo éramos buenos amigos desde muchos años atrás. Nuestra amistad tuvo su origen en que empecé a llegar, por asuntos de trabajo, a casa de un hermano suyo que estudió conmigo. Yo la conocía solo de vista; pero por alguna razón del destino nos hicimos buenos amigos. Ella vivía junto a su hermano, y en muchas ocasiones que me vio llegar, me invitaba a su casa para preguntarme sobre aspectos administrativos o informáticos —no siempre viví de la poesía— ¡Ups!

Me invitó varias veces a verla en su oficina, para algunas asesorías informáticas, y luego charlábamos. Se fue generando entre ella y yo una amistad y confianza muy bonita, al grado de platicarme sus cosas muy personales. Supe de sus problemas con su pareja, y me contaba que no se llevaban bien. Se sentía defraudada de él, pues casi todo el tiempo se la pasaba fuera, con los amigos y con los tragos; y a ella y a su pequeño hijo les tenía olvidados… Tenía ella un hijo de 10 años y un trabajo estable; su edad ya pasaba de los 40 años, dos años menor que yo, y con un trabajo estable… ya no éramos unos adolescentes… Bueno, sí; estábamos en nuestra "segunda adolescencia".

Cuando ella se separó de su pareja, andaba muy mal; me pidió que la viera, quería platicar con alguien… La fui a ver a su oficina, a la hora de la salida. Cerró y me invitó a pasar a su privado…

—Lo corrí de la casa; lo aguanté mucho tiempo, pero… pero no pude soportar que me engañara… ¡lo descubrí! —decía enojada—… no sé desde cuando lo hacía…

Ella me ofreció una silla, donde atendía a los clientes, mientras se sentaba en otra. Deslicé mi silla frente a ella…

—Pero ¿estás bien?

—No, la verdad, no… tengo mucha rabia… Y yo que tanto le aguantaba, por mi hijo… quería que tuviera a su padre cerca, pero ya no…

—Ya se arreglarán…

—¡No! —me dijo— se fue con ella y ya no le daré entrada en mi casa. Lo siento mucho por mi hijo, es lo que más me molesta, que no pensó en él. Por mí no importa, pero el niño necesita a su padre… Aunque yo me siento mal también, porque no valoró que lo recibí en mi casa y me preocupase tanto por atenderlo bien… ¿En qué fallé como mujer para que anduviera con otra?

Ella empezó a llorar. Yo tomé sus manos y las apreté levemente, tratando de tranquilizarla. Ya otras veces la había visto llorar, cuando me platicaba sus problemas con su pareja. Pero esta vez estaba desecha… No era para menos…

Tomé mi pañuelo y me acerqué más a ella para secar su llanto; luego le dejé el pañuelo…

—Me siento mal como mujer, no fui tal vez lo suficiente mujer para él… me siento humillada…

La atraje hacia mi pecho, que aceptó; mientras yo acariciaba su cabeza. Le dije:

—No digas eso, tú eres una buena mujer.

—¿Tú crees? —musito recostada en mi pecho.

—Claro, y muy linda. ¿Por qué llorar por un hombre que no te merece, si puedes tener a quien tú quieras?

—Gracias, sé que lo dices porque eres un buen amigo.

—No, te lo digo en serio, como hombre…

Se separó para verme…

—¿Qué quieres decir?

—Que me da coraje cómo lloras por él, que no te merece, siendo tú tan linda y tan fácil de querer…

—¿Tú me querrías…?

—Sí, yo te quiero —le dije, mirando cómo engrandecía sus negros ojos…

Sin darle tiempo a reponerse fui acercando mis labios a los suyos, esperando que se alejara… pero no. Cerró sus ojos y recibió el beso unos segundos, que para mí fueron eternos…

Se separó asustada, asombrada… y yo esperando una cachetada…

—Pero esto no puede ser —dijo turbada— tú eres mi amigo… ¡y eres casado…!



Capítulo 2. El tiempo juntos

Después de mi primer beso en la oficina y ante su asombro, tomé nuevamente sus manos, y le dije:

—Escucha: te amo desde hace tiempo, pero nunca te lo he dicho, respetando la relación que tenías. Pero ahora es distinto… Y sí, soy casado, pero ya no vivo con ella; estoy viviendo solo desde hace más de un mes…

—No sabía nada; siempre me dices que estás bien…

—La verdad, no quería abrumarte más con mis problemas; tú ya tenías suficiente —le dije tomando de nuevo sus manos—. Te quiero, y me duele que estés sufriendo así…

La besé de nuevo, y esta vez ella se abandonó y respondió a la caricia. Me sentía feliz… yo también la necesitaba…

Cuando amas quieres pasar mucho tiempo con la persona amada. Y en mi caso, yo la necesitaba más. Me sentía muy solo con una soledad hasta ahora por mí desconocida, pues desde muy joven inicié mi propio hogar; me casé muy joven, pienso, a los 19. Y aunque mis hijos ya estaban haciendo sus propias vidas, independientes, siempre les recibíamos en casa. Pero ahora nada… me tocaba vivir solo… Y cuando siempre has vivido en familia, y de repente viene la soledad, qué fatal se siente uno…

Yo la veía una o dos veces a la semana, en su casa, donde no teníamos privacidad, pues nunca faltaba un familiar que anduviera por ahí… La visitaba en aquel entonces como amigo de la familia, porque como aún yo estaba esperando el tiempo oportuno para presentar la demanda de mi divorcio, me pidió que aún no hagamos público nuestro noviazgo.

El mundo se detiene…

Poema heptasílabo


El mundo se detiene,

si veo que ella viene;

me pierdo en su mirada,

y vuelo hasta en la nada...


La vida va sin prisa,

feliz mi gran sonrisa...

y solo entre sus brazos

olvido mis fracasos...


A veces solíamos pasear algún sábado y llevábamos al crío. Muy pocas veces salíamos solos… Mayormente la pasaba a ver a su trabajo, donde podíamos platicar un rato y, a la salida, comer juntos; pero eso sí, ella siempre al pendiente de la hora…

—Es que el niño está en casa, con mi hermana —decía— y a tal hora ella se va…

—Amor… me dedicas muy poco tiempo…

—¿Y qué quieres que haga?, sabes que tengo un hijo para atender…

Muchas veces me enfadé por ese motivo, del poco tiempo que ella me daba, y me hacía el propósito de ya no buscarla… Pasaban muchos días sin hablarle, ni buscarla en su trabajo. Y me sentía más solo…


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